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Alice Borchardt – La loba de plata (PDF-EPUB)

Alice Borchardt – La loba de plata (PDF-EPUB)

Alice Borchardt - La loba de plata (PDF-EPUB)

Alice Borchardt – La loba de plata (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Alice Borchardt – La loba de plata (PDF-EPUB)

El sol estaba bajando. El ardiente círculo brillaba más allá de las columnas coronadas de acanto de un templo en ruinas, que cortaban la bola incandescente en franjas de fulgor rojo. Es casi de noche, pensó la muchacha, y se estremeció bajo el frío aire otoñal que soplaba a través de la ventana sin cristales.

La ventana estaba bien asegurada, tenía un barrote horizontal y otro vertical, encajados en las paredes de piedra de la pequeña habitación.

Ella sabía que podía cerrar la ventana. Extender la mano entre los barrotes. Cerrar las pesadas contraventanas, y sellarlas con el cerrojo de hierro. Pero expulsó la idea de su mente con una especie de ciega obstinación. La vista de la libertad, incluso de una libertad inalcanzable, era demasiado dulce para rendirse.

Todavía no, se dijo, sólo un poco más. Todavía no.

El aire que ponía carne de gallina en sus brazos era dulce. Oh, no, más que dulce.

Hablaba. Cada ráfaga caprichosa, cada ligero cambio en la dirección, cada movimiento enviaba imágenes a la parte más profunda de su mente.

En alguna parte florecía un arbusto de tomillo. Las diminutas flores azules dejaban su fragancia en el frío aire de la tarde. Aquel delicado aroma se mezclaba con el fuerte olor a granito y mármol húmedo. Éstos y muchos otros destacaban contra el tapiz de olores creado por las flores y el verdor que cubrían los palacios y templos en ruinas del antiguo imperio.

El vasto y sin reposo espíritu de todo aquello, el mayor de todos los imperios, parecía haber llegado por fin al descanso bajo la suave mano de la gran madre verde.

Regeane no sabía qué había esperado de la antaño orgullosa señora del mundo cuando llegó a Roma. Ciertamente no lo que había encontrado.

Los habitantes, descendientes de una raza de conquistadores, vivían como ratas disputándose y contaminando las ruinas de un palacio abandonado. Habiendo vuelto a espalda a las evidencias de grandeza a su alrededor, luchaban encarnizadamente entre ellos por la riqueza que quedaba. De hecho, poco restaba del una vez inmenso río de oro que fluía a través de la ciudad eterna. El oro que podía encontrarse ahora doraba las palmas de las autoridades papales y los altares de las numerosas iglesias.

La madre de Regeane, desesperada por salvar —tal y como ella lo veía— el alma de su hija, había empeñado las pocas joyas que conservaba. El dinero había sido suficiente para pagar los sobornos necesarios para obtener una audiencia con el papa y financiar la igualmente cara bendición pontificia.

Regeane había entrado ante la imponente presencia, su cuerpo empapado en un sudor provocado por el pánico. Si su afligida madre decía la palabra equivocada al prelado principal de la Iglesia, ella podía encontrarse siendo quemada en la hoguera o apedreada como una bruja. Pero cuando Regeane se acercó al supremo pontífice, comprendió lo tontos que habían sido sus miedos.

El hombre ante ella era una ruina, a punto de sucumbir a la edad y el dolor.

Regeane dudó que entendiera mucho de cualquier cosa que se le dijera. Llorando, su madre imploraba la intercesión ante el Todopoderoso del principal ministro de Dios en la Tierra. Cuando la siempre obediente Regeane se arrodilló, besó la zapatilla de seda, y sintió las manos marchitas apretadas contra su pelo, detectó una ráfaga de un olor distinto a los espesos aromas de incienso y perfume griego que saturaban la habitación: el olor mohoso, seco, de la carne envejecida y la descomposición humana.

Dios, era muy fuerte. Está a punto de morir, pensó ella. Podrá hablar por Madre a Dios en persona muy pronto. Era consciente de que aquella bendición, como todas las demás bendiciones por las que su madre Gisela había viajado y malgastado tanto de su riqueza, no haría ningún bien.

Aquello era el final. Regeane lo sabía, y estaba asustada. Si el mismo Papa no podía levantar aquella extraña maldición y permitirle vivir como una mujer, ¿a qué poder terrenal podría recurrir? Y más, ¿a qué poder podría volverse su madre?

Gisela estaba marchitándose tan rápidamente como el hombre meramentedemasiado-humano  que ocupaba el trono de Pedro. Aunque era una mujer relativamente joven, su madre estaba muy consumida por la sucesión de viajes infructuosos que había realizado con Regeane, y por alguna tristeza secreta que parecía llenar su mente y corazón con un inagotable manantial de pesares.

Regeane mintió. Su madre creyó. Y por primera vez en muchos años, Regeane sintió que la pequeña mujer que había viajado hasta tan lejos y soportado tantas cargas estaba en paz. La mentira de su hija llevó a Gisela hasta el final.

Tres días después de la audiencia papal, Regeane había ido a despertar a su madre, descubriendo que Gisela nunca se despertaría de nuevo. No en este mundo.

Regeane estaba sola…

Título: La loba de plata (PDF-EPUB)
Autores: Alice Borchardt
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 2.3 MB
Formato: PDF-EPUB

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Alice Borchardt - La loba de plata (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Alice Borchardt - La loba de plata (PDF-EPUB) El sol estaba bajando. El ardiente círculo brillaba más allá de las columnas coronadas de acanto de un templo en ruinas, que cortaban la bola incandescente en franjas de fulgor rojo. Es casi de noche, pensó la muchacha, y se estremeció bajo el frío aire otoñal que soplaba a través de la ventana sin cristales. La ventana estaba bien asegurada, tenía un barrote horizontal y otro vertical, encajados en…

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