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Alice Borchardt – El rey lobo (PDF-EPUB)

Alice Borchardt – El rey lobo (PDF-EPUB)

Alice Borchardt - El rey lobo (PDF-EPUB)

Alice Borchardt – El rey lobo (PDF-EPUB)

Introduccion del Libro Alice Borchardt – El rey lobo (PDF-EPUB)

Cuando la encontró sobre el montículo de nieve, pensó que tenía que estar muerta.

Estos francos no se tomaban el mal tiempo lo bastante en serio. Cierto, habían llegado desde más allá del Rin para conquistar parte del territorio romano; pero el exceso de vida fácil del que disfrutaban desde entonces les había estropeado.

Estaba sorprendido y furioso. No con la gentil criatura que sin duda había sido la dama, sino con sus hombres y protectores. Porque seguro que había estado rodeada de gente dedicada a sus necesidades. Era obvio que la chica pertenecía a la nobleza.

Parecía un destino imposible para una mujer así ser abandonada a merced de la furia de la última ventisca del invierno.

¡En el nombre de Dios! No, ese nombre le amargaba la boca. Los sacerdotes con faldas de mujer le dijeron que los poderes a los que honraba su gente eran demonios, que eran, por algún motivo, malvados. Aseguraban que su Jesús era el único dios.

Pero los dioses a los que él veneraba (sea cual fuera su catadura moral) estaban mejor preparados para el tipo de vida que su gente llevaba que ese imbécil de Cristo.

El hombre apartó la nieve del rostro de la mujer lo más rápidamente posible, mientras se preguntaba si estaría muerta. Se quitó el guante. Una furia creciente empezaba a calentarle; no tendría problemas con el frío. ¿Qué clase de hombres estaría a cargo de esta esbelta belleza para que acabase agonizando entre la nieve? Le tocó la mejilla, después la frente. Frías. Frías y duras como el mármol.

Llevaba un vestido de seda con bordes guarnecidos de piel de marta y una capa de brocado blanco. El viento aullaba a su alrededor mientras el mundo se sumergía en un azul frío y grisáceo al ponerse el sol en Algún lugar más allá de las nubes. Le levantó la mano. Helada pero flexible, todavía sin rigidez. La capa exterior del hombre era una pesada piel de oso, algo gastada y sucia. No, muy gastada y sucia, pero cálida.

Se inclinó sobre ella, le levantó la cabeza e intentó ver si la respiración de la chica le soplaba en la mejilla. Las duras bolitas de aguanieve, arrastradas por el viento y ahora mezcladas con la nieve de la ventisca, le herían la nariz y los labios.

No percibía nada. Se paró un momento y después desahogó su frustración con una fuerte palabrota. Podría meter la mano bajo su vestido, pero tocar a una joven en ciertos lugares, incluso con su permiso, era considerado como una ofensa particularmente infame. Se sentía indeciso, no quería deshonrar a la familia de la chica aun en el caso de que fuera ya cadáver.

Entonces escupió otra palabrota, esta vez dirigida a sí mismo. Si no estaba ya muerta, podía morirse fácilmente mientras él se dedicaba a dudar sobre lo que era decoroso y lo que no. Pasó la mano por debajo de su vestido, buscando el lugar donde se nota el latido del corazón con más facilidad, en la parte izquierda del torso, bajo el pecho. Se vio recompensado con cierta calidez y un lento pero continuo latido.

Después de eso, no perdió más tiempo. Se quitó su pesada capa de piel de oso y la envolvió firmemente con ella. Cayó en la cuenta de que probablemente tanto él como su capa cobijaran unas cuantas pulgas, aún vivas gracias al calor de su enorme cuerpo. Esta chica no tenía ni de lejos la sana temperatura de la que él disfrutaba; quizá las pequeñas bastardas se murieran. En cualquier caso, el exterminio de sus compañeros parásitos sería el único beneficio que obtendría de esta aventura.

Había planeado evitar el monasterio que se encontraba al pie del paso y buscar algún lugar oculto donde dormir hasta que acabara la ventisca, para después continuar su camino sin delatar su presencia a los francos. Eso ya no sería posible. Si no llevaba a la chica a un lugar bajo techo y caliente, moriría pronto. A él le bastaba con acurrucarse dentro de la capa y dejar que el calor de su propio cuerpo lo aislara del frío. Podía sobrevivir a varios grados bajo cero envuelto en la piel. Después de todo, ésa había sido la razón por la que matara al animal.

Se encontró con el oso en las montañas cuando no tenía más de catorce años. Era un animal viejo, jorobado y con la piel plateada alrededor del hocico, pero bien alimentado, con un grueso pelaje de invierno.

—Parece —le dijo al oso— que soy tu destino.

El oso se alzó sobre sus cuartos traseros y rugió un desafío.

—Puedes irte si así lo deseas —le hizo saber—. No te lo impediré…

Título: El rey lobo (PDF-EPUB)
Autores: Alice Borchardt
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 2.1 MB
Formato: PDF-EPUB

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Alice Borchardt - El rey lobo (PDF-EPUB) Introduccion del Libro Alice Borchardt - El rey lobo (PDF-EPUB) Cuando la encontró sobre el montículo de nieve, pensó que tenía que estar muerta. Estos francos no se tomaban el mal tiempo lo bastante en serio. Cierto, habían llegado desde más allá del Rin para conquistar parte del territorio romano; pero el exceso de vida fácil del que disfrutaban desde entonces les había estropeado. Estaba sorprendido y furioso. No con la gentil criatura que sin duda había sido la dama, sino con…

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