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Adrian Ross – El agujero del Infierno (PDF) Gratis

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Introduccion del Libro Adrian Ross – El agujero del Infierno (PDF) Gratis

Ésta es la historia de un juicio extraño y terrible emitido por el Señor de las profundidades. Y hemos creído conveniente, la única otra persona conocedora de los hechos y yo, consignar lo que ocurrió para que sirva de enseñanza y advertencia a nuestros hijos y así mostrarles cuál es el final inevitable de quien actúa con maldad. Pues hacen falta muchos consejos para alejar a los jóvenes del vicio imprudente de vivir sin moralidad que ha corrompido a nuestro pueblo durante los últimos años, pese a la clara manifestación de la ira de Dios a través del fuego, la peste y el desconcierto ante nuestros enemigos.

Según recuerdo, corría el otoño del año de Nuestro Señor de 1645 cuando se produjeron los acontecimientos que me dispongo a relatar. Sólo tenía veintisiete años, aunque, a decir verdad, desde mis años de escuela siempre había parecido mayor de lo que era; en vista de ello y de mi profundo amor a los libros, mis bondadosos padres me habían educado para ingresar en la Iglesia en Cambridge y esperaban que, con el tiempo, recibiera de manos de mi primo, el Conde de Deeping, un beneficio eclesiástico. Pero mi padre y mi madre murieron de unas viruelas en sólo un mes y yo quedé abandonado a mi propia voluntad. Como no me gustaba nada la forma de actuar del Arzobispo Laud, y además me inclinaba por las doctrinas de quienes se llamaban Puritanos, sentí escrúpulos para ocupar un cargo en el que debía en enfrentarme con mi propia alma o con la autoridad de la que dependía. Regresé, pues, a las tierras de mi padre, donde podía arreglármelas para vivir como correspondía a un caballero, aunque poco más. De mi sabiduría para mantenerme apartado de las disputas de religión me convencí aún más cuando nuestras desafortunadas disensiones desembocaron en el estallido de la guerra civil. A pesar del empobrecimiento causado por la disipación y los excesos de su padre, y por los suyos propios, el Conde de Deeping, ayudado por unos cuantos rufianes desesperados, restos de sus huestes en las guerras de Alemania, reunió una tropa de campesinos holgazanes y cabalgó hasta unirse al Príncipe Rupert, quien me mandó recado para que le siguiera con mis aparceros, cosa que no hice en modo alguno. Tampoco pude ceder ante una efusiva carta del señor Oliver Cromwell, a quien había conocido en Cambridge y que después sería tan importante, en la que me pedía actuar como un hombre en las filas del Señor. Ciertamente, nunca logré ver a ninguno de los dos bandos como las filas del Señor, ni a los siniestros juerguistas del ejército del Rey ni a los sanguinarios santos del Parlamento. De haber tomado parte en las guerras con cualquiera de las dos facciones, habría seguido el ejemplo desgraciado del buen Lord Falkland, siempre con dudas sobre el derecho de su propio bando y gimiendo en tono lastimero: «la paz, la paz», que encontró al fin, a la manera del antiguo romano, mientras cabalgaba al encuentro de la muerte.

Al estar así indeciso, ser de espíritu precavido y solitario además de apocado, y no querer contemplar una sangría, mantuve mi casa lo más apartada que pude del conflicto y aconsejé a otros que hicieran lo mismo; y como el lugar donde residía estaba muy lejos de todos los campos de batalla y, en particular, a tres días a caballo de las tierras de mi aguerrido primo, el Conde de Deeping, logramos permanecer no solamente con vida, sino también libres del acoso de cualquiera de los dos bandos. Sólo en una ocasión en que tuve que cabalgar durante una jornada desde mi casa, me encontré rodeado por una veintena de soldados de caballería con armadura, que me arrancaron de mi montura y, muy bruscamente, exigieron saber de qué lado estaba cuando yo aún no había encontrado el modo de averiguar de qué lado estaban ellos. Les dije que era partidario de la paz y, al darles mi nombre, su oficial sacó una lista de los nobles de aquellas tierras, algunos marcados (según rezaba la expresión) como malvados a los que había que despojar y otros como hombres tranquilos que debían ser respetados; entre estos últimos el Lord General Cromwell, como a la sazón se le llamaba, había incluido mi nombre. Así que todo acabó bien, sin más coste para mí que el de un poco de cerveza o sidra para los soldados y una hora de charla mientras cabalgaba junto al oficial, un tipo devoto y de buena procedencia, aunque demasiado aficionado a citar las Escrituras y deformar su claro significado.

Título: El agujero del Infierno (PDF) Gratis
Autores: Adrian Ross
Tipo: Libro
Idioma: Español
Peso: 1.5 MB
Formato: PDF

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Adrian Ross – El agujero del Infierno (PDF) Gratis Introduccion del Libro Adrian Ross – El agujero del Infierno (PDF) Gratis Ésta es la historia de un juicio extraño y terrible emitido por el Señor de las profundidades. Y hemos creído conveniente, la única otra persona conocedora de los hechos y yo, consignar lo que ocurrió para que sirva de enseñanza y advertencia a nuestros hijos y así mostrarles cuál es el final inevitable de quien actúa con maldad. Pues hacen falta muchos consejos para alejar a…

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